En el corazón comercial de Corregidora, los escaparates brillan con descuentos y luces que anuncian el Buen Fin. Pero detrás de ese brillo, otro tipo de preparación cobra vida. Policías, funcionarios y comerciantes se reúnen en Plaza Constituyentes para encender un operativo que busca algo más que mantener el orden: preservar la tranquilidad.
El secretario de Seguridad Pública, Ángel Rangel, habla de estrategia, de presencia y respuesta. No hay improvisación, asegura, porque la seguridad, como la confianza, se construye día a día. Sus palabras resuenan entre los pasillos donde pronto caminarán cientos de familias, entre risas, bolsas y promociones.
A su lado, el gerente de la plaza, Jorge Irigoyen, reconoce lo esencial de la colaboración. La seguridad —dice— no es sólo un uniforme o una patrulla, sino una tarea compartida entre gobierno y ciudadanía. Es el pacto silencioso que hace posible que un fin de semana de consumo masivo no se transforme en una historia de pérdida.
El operativo se extiende a corredores, plazas y tianguis. Las cámaras del C4 y el C16 vigilan en tiempo real, mientras los policías recorren los pasillos, observan, saludan, previenen. A los comerciantes se les recuerda cuidar el efectivo, a los compradores, su atención. Y en cada esquina, la consigna es la misma: que el Buen Fin no pierda su nombre.
En Corregidora, la seguridad adopta una forma cotidiana, casi invisible, que acompaña a la gente sin interrumpirla. Es la promesa de un municipio que quiere que sus calles, sus plazas y su comercio sigan siendo lugares de encuentro, no de riesgo. Un esfuerzo conjunto, tan sencillo y tan necesario, como mantener la calma en medio del bullicio.


