La llegada de la Secretaría del Trabajo a Amealco de Bonfil y Huimilpan no fue solo un acto administrativo: fue un encuentro con historias que se tejen desde la necesidad, la creatividad y el deseo de independencia económica. Ocho iniciativas productivas, lideradas por mujeres y personas con discapacidad, recibieron equipamiento que promete no solo herramientas, sino una ruta posible hacia la autonomía.
Liliana San Martín Castillo, titular de la dependencia, encabezó la entrega con un mensaje que, más allá de lo técnico, puso en primer plano el sentido de estos apoyos: fortalecer familias y abrir caminos propios en territorios donde las oportunidades se construyen día a día. Su presencia recordaba que, detrás de cada proyecto, hay una vida en proceso de afirmarse.
Los giros que se impulsan —servicios de belleza, pastelería, costura, artesanías, preparación de alimentos— son oficios que llevan la marca de lo cotidiano. Son actividades que nacen del entorno cercano, de saberes aprendidos en casa, del intercambio comunitario. En ellos, la técnica se mezcla con la intuición, y el trabajo se vuelve un acto profundamente personal.
El subprograma Equipamiento para el Autoempleo otorgó mobiliario, maquinaria o herramientas según la naturaleza de cada iniciativa. Sin embargo, el elemento más significativo quizá sea el acompañamiento técnico de 12 meses. Un año es tiempo suficiente para que un proyecto titubeante encuentre su forma o para que una idea todavía frágil se convierta en hábito, en oficio, en ingreso constante.
En Amealco y Huimilpan, los proyectos apoyados están sembrados en un territorio donde la resiliencia es parte del paisaje. Las mujeres que los encabezan cargan consigo no solo habilidades, sino una voluntad sostenida, esa que permite transformar un pequeño taller, una cocina improvisada o una mesa de trabajo en espacios de producción y dignidad.
La visita de San Martín Castillo ofreció un reconocimiento explícito a esa voluntad. No hubo grandes discursos, solo la afirmación de que estas iniciativas son pasos relevantes hacia la autonomía económica y que, con las herramientas adecuadas, pueden consolidarse como fuentes de ingreso sostenibles.
A lo largo de la jornada, quedó claro que el autoempleo no se limita a la actividad económica: es también una manera de reivindicar la capacidad de decidir y de construir un lugar propio. En esos talleres, cocinas, mesas y máquinas entregadas, se asoma el gesto de apostar por el futuro desde lo que se tiene a mano, desde lo que se sabe hacer, desde lo que se quiere llegar a ser.

