El respiro sereno con el que se apaga la feria

La Feria Internacional Ganadera de Querétaro no termina de golpe; se va apagando poco a poco, como una luminaria que se desvanece mientras el eco de risas, música y pasos se dispersa entre los pasillos. Este año, al igual que los tres anteriores, la celebración concluyó con algo que a veces parece simple, pero nunca lo es: un saldo blanco. Un cierre sin sobresaltos. Una despedida tranquila.

Entre el 14 y el 30 de noviembre, más de 373 mil personas caminaron por el recinto ferial. Familias enteras, grupos de amigos, visitantes curiosos. Todos fueron resguardados por un dispositivo que reunió a más de mil 500 elementos de distintos órdenes de gobierno y servicios privados. Una presencia que, aunque silenciosa, acompañó cada día y cada noche de fiesta.

Javier Amaya Torres, director de la CEPCQ, habló del compromiso institucional y ciudadano que hizo posible este resultado. Y quizá la explicación se encuentra en esos detalles que pasan desapercibidos: los recorridos constantes por las naves ganaderas, las verificaciones en los pabellones artesanales, la mirada atenta sobre los juegos mecánicos, los escenarios, el Teatro del Pueblo, el palenque. Lugares donde se mezcla la tradición con la multitud.

Durante esos días se brindaron poco más de 400 atenciones. Todas por incidentes menores: un mareo, una torcedura, una valoración médica. Pequeños tropiezos en el gran mapa de la feria. Ninguno de esos casos escaló. Ninguno rompió la calma.

La CEPCQ también recordó a la gente algo que la fiesta a veces oculta: que el frío cala, que la multitud exige cuidado, que la prevención es un acto compartido. Y la respuesta fue la que se esperaba: la convivencia se mantuvo en paz, con ese sentido comunitario que emerge cuando la ciudad se reúne a celebrar.

El resultado final no es solo el cierre de un operativo. Es la confirmación de que, en esa mezcla de tradición ganadera, puestos, luces y música, la feria es un espacio que se sostiene gracias a la colaboración entre autoridades y ciudadanía. Un espacio donde la vigilancia discreta permite que la alegría sea libre.

La FIGQ 2025 terminó. Y lo hizo con un respiro sereno, con un orden casi ritual, con esa sensación de que la celebración se puede vivir intensamente sin perder la calma. Porque a veces, el mejor final es justamente ese: el que pasa sin ruido.

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