El silencio después del estallido: una operación para desactivar riesgos en la sierra queretana

En Pinal de Amoles, donde las calles estrechas se enredan entre montañas y neblina, un operativo de la Coordinación Estatal de Protección Civil irrumpió en la rutina decembrina. No hubo sirenas ni sobresaltos: solo el paso firme de quienes buscan evitar que una chispa cambie en segundos el destino de una comunidad.

La CEPCQ, acompañada por autoridades municipales, recorrió comercios y puestos semifijos en la cabecera y en Ahuacatlán. En cada parada se repetía la misma escena: cajas apiladas, latas de espuma, artefactos capaces de iluminar o de destruir. Al final del día, más de 400 kilogramos de pirotecnia quedaron asegurados. La cifra, fría y exacta, esconde la posibilidad de incendios, lesiones o contaminación que dormía entre los anaqueles.

El operativo no fue solo un ejercicio de decomiso. Hubo conversaciones, advertencias, y un intento por sembrar una idea que a veces cuesta sostener: que la celebración también implica cuidado. Los comerciantes escucharon sobre riesgos y sanciones, en un intercambio que revela la tensión entre tradición, economía y seguridad.

Participaron cuerpos de Protección Civil, Seguridad Pública, Inspección y áreas de gobierno municipal. La suma de instituciones formó un escudo temporal para un territorio donde cada temporada decembrina aviva las mismas preguntas: ¿cómo festejar sin poner en riesgo lo que la comunidad ha construido? ¿Cómo mantener vivas las costumbres sin apagar la prudencia?

La CEPCQ insiste en fortalecer la cultura del autocuidado. En un año donde la prevención se vuelve insumo indispensable, el operativo deja una estampa clara: la seguridad no es solo un acto de autoridad, sino una apuesta por el bienestar colectivo. En la sierra, donde el eco multiplica cada estallido, controlar el ruido antes de que surja es, quizá, el gesto más silencioso de protección.