La memoria del aula: un gesto para quienes enseñaron a Querétaro a crecer

En un salón donde se reunieron experiencias de varias décadas, el secretario de Desarrollo Social del Estado, Luis Nava, entregó tarjetas de apoyo a pensionados y jubilados del sector educativo. El momento tuvo menos de protocolo y más de reconocimiento: un intento por mantener un puente con quienes dedicaron su vida al aula y que ahora transitan una etapa distinta, pero no menos significativa.

Nava habló del estado que hoy se observa fuerte y dinámico. Lo atribuyó, no a cifras ni a estrategias gubernamentales, sino a la gente que lo construyó, a ese capital humano que, desde los salones de clase, formó a quienes hoy sostienen la vida pública y económica de Querétaro. Para él, el éxito del estado tiene raíces en esas generaciones educadas por los presentes.

Irene Quintanar Mejía, coordinadora general de la USEBEQ, llevó la conversación hacia la textura del oficio docente. Recordó los días en que las planeaciones no coincidían con la realidad del aula y aquellos otros en los que un logro colectivo se celebraba en los consejos técnicos. Habló de inspiración, de vocaciones formadas a la sombra de maestros que, sin proponérselo, marcaban rutas.

Francisco Ramírez Labra, secretario General de la Sección 24 del SNTE, agradeció al Gobierno del Estado por materializar un beneficio esperado por el magisterio jubilado. Su intervención cerró un círculo simbólico: reconocer que la educación no termina cuando se deja el pizarrón.

En la entrega de tarjetas no hubo grandes proezas, pero sí un subtexto poderoso: la certeza de que el trabajo docente permanece más allá del retiro. En Querétaro, donde la educación ha sido pilar del desarrollo, este gesto se vuelve también un recordatorio de que toda historia colectiva empieza con alguien que enseñó a leer, a escribir, a entender el mundo.

Un acto simple, quizá, pero que devuelve algo de la gratitud acumulada en cada generación que pasó por sus manos.