En las aulas no solo se aprende a leer, a escribir o a resolver problemas. También se aprende a convivir, a escuchar y a reconocer lo que se siente. Bajo esa premisa, la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro emprendió una serie de talleres sobre manejo de emociones, pensados para sembrar habilidades socioemocionales y fortalecer una cultura de paz en las comunidades escolares.
Irene Quintanar Mejía, coordinadora general de la USEBEQ, encabezó estos trabajos de capacitación dirigidos a quienes sostienen la vida educativa todos los días: directivos, docentes, madres y padres de familia. Su mensaje fue claro y constante: la educación no se construye en solitario. Se forma en el diálogo entre la escuela y el hogar, en la coincidencia de esfuerzos y en la responsabilidad compartida.
Durante las actividades, se reconoció el papel del personal docente y de las familias como figuras centrales en los procesos de enseñanza. Desde el aula y desde casa, ambos espacios se entrelazan para impulsar aprendizajes que trascienden lo académico y alcanzan la manera en que niñas, niños y adolescentes se relacionan con su entorno.
Hablar de emociones, en este contexto, no es un ejercicio abstracto. Es una forma de abrir caminos hacia la paz, el respeto, la igualdad y la tolerancia. Quintanar Mejía lo expresó como un tránsito necesario: trabajar juntos para que las escuelas sean espacios donde se aprenda a convivir en armonía, donde la diferencia no sea motivo de conflicto sino de entendimiento.
Los talleres recorrieron municipios diversos del estado, desde la Sierra Gorda hasta la zona metropolitana, y reunieron a cientos de madres y padres, docentes y miles de estudiantes de escuelas públicas. Las cifras reflejan el alcance, pero el sentido profundo está en la intención: ofrecer mejores condiciones para que las nuevas generaciones aprendan a relacionarse de manera más humana.
En tiempos donde la convivencia se pone a prueba, estas acciones recuerdan que educar también es acompañar emocionalmente. Que la escuela, más allá de los contenidos, puede ser un territorio donde se cultive la paz, paso a paso, emoción a emoción.


