Donde el año empieza con tierra y trabajo

En Peñamiller, el calendario rural no se mide por festividades sino por estaciones, por lluvias, por semillas que esperan su momento bajo la tierra. A seis días de iniciado el año, el campo ya tiene un nuevo capítulo: la entrega de apoyos del Programa Contigo en Concurrencia para la Productividad Rural, encabezada por el secretario de Desarrollo Agropecuario, Rosendo Anaya.

Son tres millones 100 mil pesos que no llegan solos. Vienen divididos en tres partes: una del Estado, otra del municipio y otra más de los propios productores. Ese esquema tripartita intenta equilibrar la balanza para quienes, sin ayuda, tendrían que asumir solos el peso de la inversión. El secretario lo resume de forma simple: con el apoyo, el costo disminuye; sin él, el gasto sería mayor.

La escena es concreta y cotidiana. Se entregan implementos agrícolas y forrajeros, herramientas, tractores, sementales, vientres, semilla de cultivos básicos. Ciento cuarenta productores reciben algo más que equipo: reciben una señal de continuidad, de respaldo. Son piezas que terminan insertadas en rutinas hechas de madrugadas, polvo y constancia.

En medio del acto oficial, la presidenta municipal, Ana Karen Jiménez, subraya el simbolismo del momento: comenzar el 2026 trabajando. Habla de bendiciones, de salud, de un año que se desea productivo. Pero, en el fondo, habla de algo más: de la necesidad de sostener a quienes sostienen el campo.

Nada de esto ocurre en un vacío. El CEDEA inicia actividades del año en una región donde la tierra sigue dialogando con quienes la trabajan. Las palabras “infraestructura”, “maquinaria”, “proyectos productivos” adquieren peso distinto cuando se piensa en la vida rural, en su permanencia y en su fragilidad.

Así, entre discursos y herramientas recién entregadas, el campo queretano abre otra página. No hay promesas nuevas. Solo el recordatorio de que la siembra comienza mucho antes de que brote el primer tallo.