El invierno y la aguja: la vacuna como acto cotidiano de prevención

En medio del invierno, cuando el aire frío se cuela por las mañanas y las calles se llenan de bufandas, la Secretaría de Salud de Querétaro insiste en un gesto aparentemente sencillo: vacunarse contra la influenza. Hasta ahora, más de 454 mil personas ya lo han hecho, avanzando poco más del 70 por ciento de la meta estatal. El dato, frío como la temporada, habla de un esfuerzo constante y silencioso.

Los registros epidemiológicos muestran 35 casos positivos de influenza en el estado. La mayoría se concentran en la capital, otros se reparten entre San Juan del Río, Amealco, Ezequiel Montes y Tequisquiapan. No hay defunciones. Esa ausencia, más que un número, es el resultado de una cadena de decisiones preventivas que comienzan en un centro de salud y terminan en un hogar más protegido.

A nivel nacional, el panorama es distinto: miles de casos y algunas muertes recuerdan que la influenza no es un mal menor. Es una enfermedad que irrumpe de golpe, con fiebre, tos seca y un cansancio que invade el cuerpo. En personas con enfermedades crónicas, ese virus puede volverse una amenaza mayor.

Por eso el llamado de la Secretaría se dirige, con especial énfasis, a quienes viven con mayor vulnerabilidad: niñas y niños pequeños, adultos mayores, mujeres embarazadas, personal de salud y personas con padecimientos crónicos. Vacunarse no es solo un trámite médico, es una forma de reducir riesgos, de anticiparse a lo que el clima y los virus traen consigo.

La logística está pensada para que el acceso no sea un obstáculo. Los 198 centros de salud del estado aplican la vacuna en su horario habitual. En Plaza de Armas, un puesto atiende cada mañana entre semana. IMSS e ISSSTE también suman esfuerzos, al igual que módulos instalados los fines de semana en mercados y centros comerciales.

Más allá de cifras y sedes, el mensaje se completa con hábitos básicos: lavarse las manos, ventilar espacios, usar cubreboca si hay síntomas y evitar la automedicación. En conjunto, estas acciones forman una red discreta pero eficaz.

En temporada invernal, la prevención no siempre se nota. No hace ruido, no ocupa titulares espectaculares. Pero en cada vacuna aplicada, hay una posibilidad menos de enfermedad grave. Y eso, aunque silencioso, también salva vidas.