- Previo al inicio de las obras del tren México–Querétaro, el gobierno municipal anunció un pilotaje de movilidad para observar, corregir y reducir afectaciones.
Antes de que la maquinaria marque un nuevo ritmo en la ciudad, Querétaro ensaya. No con discursos grandilocuentes ni con inauguraciones, sino con el pulso cotidiano de la calle. El presidente municipal, Felifer Macías, anunció la puesta en marcha de un pilotaje en materia de movilidad previo al inicio de los trabajos federales del tren México–Querétaro. Se trata, dijo, de un ejercicio para mirar de cerca lo que ocurre cuando se toca la rutina urbana y para corregir antes de que el impacto sea mayor.
El pilotaje contempla acciones concretas: habilitar retornos, cerrar un carril, operar el carril restante en doble sentido. Medidas que, en apariencia técnicas, tienen un trasfondo profundamente humano: reducir al máximo las afectaciones a las familias queretanas. Porque cada modificación al asfalto implica tiempos distintos, trayectos alterados, hábitos que se mueven unos metros más allá.
Macías subrayó que, aunque se trata de una obra federal, en Querétaro se busca mantener el orden y hacer bien las cosas. De ahí la colaboración con las instancias correspondientes, pero también la vigilancia cercana del proceso. La palabra “seguridad” apareció junto a otra que suele pesar más: bienestar. En esa dupla se resume la intención del pilotaje, que no es otra que observar antes de imponer, ajustar antes de saturar.
El ejercicio permitirá evaluar y realizar los cambios necesarios antes del arranque formal de las obras, previsto para el próximo lunes 26 de enero. La fecha funciona como una frontera simbólica: de un lado, la prueba; del otro, la transformación. Entre ambos momentos se cuela esta etapa de observación, casi como si la ciudad se mirara a sí misma para entender por dónde le duele más.
El alcalde destacó también la coordinación permanente entre municipio y estado, así como las labores de supervisión, para evitar mayores afectaciones a la ciudadanía. En el fondo, el mensaje es sencillo: aunque el proyecto venga de fuera, el impacto se queda aquí. Y es en esta geografía cotidiana donde hoy se trazan, con carriles provisionales y dobles sentidos, las primeras líneas de un cambio mayor.

