Palo Alto: cuando la escuela también se construye en concreto, luz y descanso

• En la comunidad de Palo Alto, en El Marqués, el municipio encabezado por Rodrigo Monsalvo Castelán entregó obras en tres escuelas que, más allá del cemento y las cifras, se insertan en la rutina silenciosa de quienes aprenden, juegan y crecen ahí.

La inversión total fue de 2 millones 219 mil 751 pesos, distribuida entre la primaria “21 de Marzo”, la secundaria “Fernando de Tapia” y el preescolar “Paula Allende”. En cada espacio, la intervención tomó una forma distinta, adaptada a la necesidad de sus muros, patios y aulas.

En la primaria, el cambio se siente en el suelo: una plancha de concreto de 287 metros cuadrados abre espacio para el movimiento, mientras el piso acolchado tipo rubber intenta amortiguar las caídas inevitables de la infancia. Cinco juegos infantiles y guarniciones completan un paisaje pensado para el recreo, ese territorio breve donde todo sucede rápido.

En la secundaria, la transformación es menos visible, pero igual de decisiva. La instalación de la red eléctrica en un aula permite imaginar clases con otras herramientas, con otras luces. Afuera, 50 metros cuadrados de banquetas y rampas conectan el acceso, como si el edificio también aprendiera a recibir mejor a quienes lo habitan.

En el preescolar, la intervención es casi discreta: dos bancas en la zona de comedor, hechas con mano de obra municipal. Un gesto mínimo que, sin embargo, modifica la manera en que se espera, se come y se comparte.

Las obras, distintas entre sí, convergen en una misma idea: la escuela como un espacio que se ajusta a la vida cotidiana de sus estudiantes, en Palo Alto.

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