• SESA mantiene vigilancia permanente del dengue mientras brigadas recorren comunidades para eliminar criaderos del mosquito.
Hay amenazas que no hacen ruido. No anuncian su llegada ni golpean la puerta. Se esconden en lo cotidiano: en un recipiente olvidado, en el agua que permanece quieta demasiado tiempo, en los rincones donde la rutina deja de mirar. Así opera el dengue.
En Querétaro, la Secretaría de Salud (SESA) mantiene una vigilancia epidemiológica permanente ante la presencia de casos en el país. Con información al 5 de junio de 2026, se reporta un caso local positivo con signos de alarma en el municipio de Querétaro. A nivel nacional, al 1 de junio, se han registrado dos mil 286 casos positivos y cuatro defunciones.
La respuesta institucional se sostiene en dos frentes: la prevención en casa y el trabajo de campo. La dependencia ha llamado a la población a eliminar criaderos de mosquitos, protegerse de las picaduras y acudir a atención médica ante cualquier síntoma.
En paralelo, las brigadas de vectores han recorrido 30 localidades en lo que va del año, retirando 20.35 toneladas de cacharros. Una cifra que da cuenta de una batalla silenciosa contra objetos que, por sí mismos, dejan de ser basura para convertirse en riesgo.
El trabajo continúa dentro de los hogares: abate en 24 mil 287 viviendas y 42 mil 304 depósitos de agua, rociado intradomiciliario en 452 casas y 12 mil 320 ovitrampas instaladas en zonas de riesgo, donde se han recolectado 28 mil 683 huevecillos.
Cada intervención forma parte de un protocolo que se activa ante casos probables, con búsqueda intencionada y recorridos casa por casa. La presencia de brigadas no es casual: responde a la necesidad de encontrar al mosquito donde se esconde.
El Aedes aegypti, transmisor del dengue, no distingue edades ni condiciones. Puede afectar a cualquier persona, incluso a quienes ya han pasado por la enfermedad. Por eso la vigilancia no se detiene.
Los síntomas, desde fiebre y dolor de cabeza intenso hasta señales de gravedad como sangrado o vómito persistente, obligan a una atención oportuna. En los casos más vulnerables —niñas y niños pequeños, personas mayores, embarazadas o pacientes con enfermedades no controladas— el riesgo aumenta.
Sin tratamiento específico, la enfermedad se enfrenta con medidas de prevención: eliminar el agua estancada, cubrir depósitos, usar ropa protectora, repelente y mosquiteros, y evitar la exposición nocturna sin protección.
SESA insiste también en un gesto simple pero decisivo: no automedicarse y acudir a la unidad de salud. En esa decisión, muchas veces, se define el rumbo de la enfermedad.
Porque el dengue no llega de golpe. Se filtra. Y solo se detiene cuando lo cotidiano también cambia.

