• El gobernador Mauricio Kuri González inauguró en Palacio de Gobierno una ofrenda elaborada por artesanas queretanas, con más de mil 200 fotografías, mil 500 flores de papel y una instalación que transforma el espacio en un homenaje a la memoria familiar.
Hay recuerdos que permanecen en una fotografía, en el aroma de una flor o en una costumbre que vuelve cada año. El Día de Muertos reúne esas pequeñas formas de la memoria y les da un lugar compartido. En el patio principal de Palacio de Gobierno, el altar “Dulces Recuerdos” propone precisamente eso: una pausa para honrar a quienes ya no están físicamente, pero continúan presentes en la vida de sus familias.
El gobernador Mauricio Kuri González inauguró la ofrenda, elaborada totalmente con manos de artesanas queretanas. Entre sus elementos destacan más de mil 200 fotografías de personas fallecidas, que convierten la instalación en un espacio donde las historias individuales encuentran un sitio común.
Ivette Hidalgo Lozano, coordinadora de Relaciones Públicas, explicó que las calaveritas de azúcar ocupan el lugar central de esta edición. Su presencia evoca la dulzura y el color de una tradición prehispánica que continúa formando parte de la celebración mexicana.
El altar también transforma el espacio arquitectónico. Más de tres mil metros de tela fueron instalados en el techo de Palacio para simular una flor de cempasúchil. A ello se suman mil 500 flores de papel, dispuestas como símbolo de un puente entre generaciones: una forma de expresar que la memoria de los seres queridos puede mantenerse viva a través de quienes los recuerdan.
La construcción de la ofrenda no se limita a quienes la diseñaron. Por cuarto año consecutivo, una convocatoria permitió recibir fotografías de familiares fallecidos para integrarlas al altar. Estudiantes de primaria pertenecientes a la Zona 31 participaron con imágenes de sus seres queridos, mientras que trabajadores del Gobierno del Estado contribuyeron nuevamente a la elaboración de la instalación.
Hidalgo Lozano reconoció la colaboración de Irene Quintanar, directora de la USEBEQ, por invitar a niñas y niños a formar parte de la convocatoria. La participación escolar añadió al proyecto una dimensión intergeneracional: los recuerdos de una familia también pueden compartirse con quienes vienen después.
La coordinadora destacó que cada fotografía representa una vida, una familia y una historia que merece permanecer. En ese sentido, “Dulces Recuerdos” no solo reúne objetos tradicionales; reúne nombres, ausencias y afectos en un mismo lugar.
Las puertas de Palacio de Gobierno estarán abiertas para que el público visite el altar. Allí, entre flores, calaveritas e imágenes, la tradición vuelve a recordar que mantener viva la memoria también es una forma de agradecer.



