El dengue no siempre se anuncia con estruendo. A veces llega en silencio, instalado en una cubeta olvidada, en una llanta arrumbada o en un florero con agua vieja. Frente a ese enemigo pequeño y persistente, la Secretaría de Salud de Querétaro insiste en una idea sencilla: la prevención comienza en casa y se sostiene con la participación de todos.
Al 12 de diciembre de 2025, el estado registra 100 casos positivos de dengue, distribuidos en distintos municipios, con un fallecimiento. La mayoría corresponde a dengue no grave, aunque también hay casos con signos de alarma y uno grave. Las cifras locales dialogan con un escenario nacional más amplio, donde al 8 de diciembre se contabilizaron más de 20 mil contagios y decenas de defunciones.
Durante el año, las brigadas de vectores recorrieron 108 localidades. Juntaron cacharros, aplicaron abate, fumigaron hectáreas completas y colocaron ovitrampas que revelan, en números, la capacidad reproductiva del mosquito. Son acciones técnicas, constantes, que buscan contener una enfermedad que no reconoce fronteras.
Cuando aparece un caso probable, el protocolo se activa: vigilancia epidemiológica, búsqueda de más contagios y visitas casa por casa. En esos recorridos, el personal de salud solicita abrir puertas y patios para revisar rincones donde el agua se queda quieta. No es una invasión, es una estrategia colectiva.
El dengue, causado por un virus transmitido por el Aedes aegypti, puede afectar a cualquiera. Sus síntomas iniciales parecen comunes: fiebre, dolor de cabeza, cansancio. Pero hay señales que alertan gravedad, como el dolor abdominal intenso o el sangrado. No existe tratamiento específico; lo que existe es la necesidad de atención médica oportuna y reposo.
La prevención se escribe con acciones cotidianas: lavar, tapar, voltear y tirar; usar repelente, colocar mosquiteros y no automedicarse. En esa rutina doméstica se juega una parte importante de la salud pública. Porque cada recipiente seco es, también, un caso menos de dengue.


