En la comunidad de El Progreso, una mañana común se transformó en un pequeño ritual colectivo. En el patio de la escuela primaria Josefa Ortiz de Domínguez, la Rosca de Reyes se partió en compañía de risas infantiles, juguetes nuevos y la presencia de autoridades municipales que, por un momento, dejaron el escritorio para sentarse a convivir.
El presidente municipal de Corregidora, Chepe Guerrero, acompañado por integrantes de su Gabinete y regidores, encabezó la entrega de ropa y juguetes como parte del programa “Apadrina un Niño”, una iniciativa del Sistema Municipal DIF que se realiza por segundo año consecutivo. El acto, más allá de la entrega material, tuvo el tono de una convivencia que busca fortalecer los lazos comunitarios.
En su mensaje, el alcalde habló de valores y tradiciones, de la importancia de no perder la ilusión que acompaña celebraciones como la Rosca de Reyes. Sus palabras se dirigieron tanto a las niñas y niños como a los adultos presentes, recordando que compartir también es una forma de construir comunidad.
La presidenta del Patronato del DIF Municipal, Gaby Trápala, explicó que el programa beneficia a 146 niñas y niños de distintas localidades de Corregidora. Habló de cercanía, de empatía y de compromiso social, conceptos que toman forma cuando se traducen en acciones dirigidas a la infancia. Para ella, el programa es una manera de sostener los sueños de las y los niños en una etapa decisiva de la vida.
El entorno escolar fue testigo de este encuentro. La directora del plantel, Juana Bailón, agradeció a la Administración Municipal por impulsar acciones que no solo llegan a las aulas, sino que alcanzan a toda la comunidad. Su agradecimiento cerró un círculo en el que escuela, autoridades y familias coincidieron en un mismo espacio.
La escena fue sencilla: una rosca compartida, juguetes en manos pequeñas y palabras que apelan a la convivencia. Sin grandes discursos, el programa “Apadrina un Niño” dejó ver que las tradiciones, cuando se viven en colectivo, pueden convertirse en un puente entre el gobierno y la comunidad.
En Corregidora, al menos ese día, la infancia fue el centro, y la tradición, el pretexto para reunirse y recordar que la comunidad también se construye con gestos pequeños.


