En Corregidora existe un mapa que no aparece en los planos oficiales, pero que se dibuja todos los días con mensajes, ubicaciones y fotografías enviadas desde un teléfono celular. Es el mapa de los baches, y la Brigada Antibaches lo recorre punto por punto. Hasta ahora, ese recorrido suma mil 518 reportes atendidos durante la actual administración municipal.
La cifra, dada a conocer por la secretaria de Obras Públicas, Viridiana Nava, habla de una dinámica constante entre ciudadanía y gobierno. No todos los reportes llegan a convertirse en reparación: 257 no procedieron, ya sea porque el problema estaba fuera del municipio, porque se trataba de una fuga de agua competencia de la CEA o porque el tramo correspondía a una vialidad federal. Aun así, el registro queda, como constancia de una petición hecha.
Quedan todavía 72 reportes pendientes. Son puntos suspendidos en el tiempo, marcas que esperan la llegada de una cuadrilla y un poco de asfalto caliente.
La mayor parte de este diálogo ocurre por WhatsApp. A través del chatbot municipal se han recibido 914 reportes. El Pueblito, Tejeda, Santuarios del Cerrito y Candiles aparecen con frecuencia en esta cartografía urbana. No son solo colonias: son trayectos cotidianos, calles que se recorren a diario y que, cuando fallan, se hacen notar.
Otro flujo constante llega desde la Secretaría de Atención Ciudadana, que ha canalizado 933 reportes. Santa Bárbara, El Pueblito, Candiles y San José de los Olvera encabezan esta lista, seguidos por otras zonas donde el pavimento también reclama atención.
La instrucción, según la autoridad municipal, es clara: atender los reportes con prontitud. Para ello, el número 449 462 1002 se ha convertido en una especie de ventanilla digital, donde cada mensaje representa una molestia concreta y una expectativa de solución.
Detrás de las cifras hay una ciudad que se mueve, que se desgasta y que pide mantenimiento. La Brigada Antibaches no solo repara calles; interviene en la rutina diaria de miles de personas. Cada bache atendido es una interrupción menos en el camino, una señal de que la ciudad, poco a poco, vuelve a nivelarse.


