• La temporada de reforestación comenzó en Amealco con la plantación de tres mil árboles y una meta de 100 mil ejemplares para el municipio.
Hay acciones que se miden en años y otras que se miden en generaciones. La reforestación pertenece a ambas categorías. Lo que comienza con una pala abriendo espacio en la tierra suele convertirse, con el tiempo, en sombra, refugio y agua para quienes habitan un territorio.
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, el secretario de Desarrollo Agropecuario, Rosendo Anaya, encabezó el inicio de la temporada de reforestación en Amealco de Bonfil. El arranque se materializó en la siembra de tres mil árboles de tres especies endémicas de la región, una primera etapa dentro de una meta mayor: dispersar 100 mil plantas en este municipio.
La intención es contribuir al restablecimiento de la biodiversidad que pudiera haberse deteriorado, mantener el equilibrio de los ecosistemas y apoyar la conservación de los mantos acuíferos. Objetivos que, aunque suelen expresarse en términos técnicos, terminan reflejándose en la relación cotidiana entre las comunidades y su entorno.
La jornada también reunió a ejidatarios, habitantes de la comunidad y estudiantes de localidades cercanas. Para ellos se realizó la entrega de 500 árboles frutales, sumando así una dimensión comunitaria a la actividad de restauración ambiental.
Durante el evento, Rosendo Anaya recordó que el estado cuenta con viveros distribuidos en distintas regiones, desde donde se producen árboles de manera permanente para abastecer las campañas de plantación que se desarrollan cada año.
La temporada de lluvias, explicó, será aprovechada para fortalecer los trabajos de reforestación. También subrayó la importancia del suelo como un elemento esencial para la vida y la necesidad de comprender los factores que afectan su conservación.
El acto sirvió además para reconocer a quienes suelen trabajar lejos de los reflectores: los combatientes forestales. Anaya destacó la labor que realizan para proteger la biodiversidad de la entidad, contener los siniestros que afectan las zonas boscosas y participar en acciones que permiten devolver vida a los espacios naturales.
Porque toda reforestación comienza con una siembra, pero su verdadero significado aparece años después, cuando el paisaje logra recuperar parte de lo que alguna vez perdió.


