En la Sierra Gorda, donde los caminos siguen marcados por la inclinación de los cerros y los ritmos del clima, el acto de llegar a la escuela puede convertirse en una jornada completa. Allí, en Pinal de Amoles, el gobernador Mauricio Kuri González entregó 10 vehículos nuevos destinados a transporte escolar y programas sociales. No fue un anuncio de gran espectacularidad, pero sí uno que toca la vida diaria de 660 familias y la continuidad académica de estudiantes en 32 escuelas dispersas entre cuatro municipios serranos.
El gesto se inscribe en una historia que el propio gobernador evocó: hace más de dos décadas, la administración de Francisco Garrido sembró la primera versión de este programa. Hoy, en una geografía donde la distancia no es un número sino un desafío, el planteamiento se mantiene: ofrecer una herramienta que permita a niñas, niños y jóvenes sostener el trayecto que los lleva a su futuro.
El contexto reciente también pesa. Tras las lluvias de octubre, la Sierra vivió momentos difíciles. El gobierno estatal respondió —según lo dicho en el evento— con acciones inmediatas y una inversión adicional de 100 millones de pesos para reforzar obras en la región. Las camionetas, entonces, no aparecen como un beneficio aislado sino como parte de una continuidad: movilidad, seguridad, resiliencia.
El secretario de Desarrollo Social, Luis Nava, ofreció cifras que, más allá del monto, describen rutinas familiares. Entre 600 y mil pesos mensuales puede ahorrar una familia serrana cuando el traslado a la escuela deja de ser un gasto constante. Y mientras tanto, 140 unidades recorren 18 mil kilómetros al día, un equivalente simbólico a cruzar un océano. La distancia, otra vez, explicada por imágenes.
Luego apareció la voz de una estudiante. Kimberly Villeda, del EMSAD 13 de San Pedro Escanela, relató cómo su jornada comienza a las 5:30 de la mañana y sigue con dos horas de caminata entre terracería y pendientes. Su agradecimiento no fue político ni técnico: fue cotidiano. Una aspiración menos desgastada por el camino.
La presidenta municipal de Pinal de Amoles, Lupita Ramírez, cerró con una idea sencilla: estas unidades no son un lujo. En una región donde cada metro cuesta, representan la diferencia entre abandonar y continuar. Entre quedarse y seguir avanzando. Entre un camino pesado y uno posible.


