En el estacionamiento principal del Centro de Atención Municipal de El Pueblito, donde cada fin de semana se entreteje una dinámica propia entre comercio, encuentro y comunidad, el Corredor de las Mujeres ha ido construyendo una identidad que trasciende la venta de productos. Es un espacio donde las mujeres sostienen, con su presencia y trabajo, una forma particular de vida social en Corregidora. Y es ahí donde el municipio entregó una obra aparentemente sencilla, pero profundamente simbólica: un nuevo módulo sanitario.
El presidente municipal, Chepe Guerrero, encabezó la entrega destacando que contar con instalaciones adecuadas y con perspectiva de género no es un detalle menor. Su mensaje insistió en que la dignidad comienza en los espacios cotidianos, en aquellos donde las mujeres trabajan, se relacionan y fortalecen su economía familiar. Subrayó también que la obra es resultado de la coordinación constante con el gobernador Mauricio Kuri, una relación institucional que ha permitido concretar diversos proyectos.
La secretaria de Obras Públicas, Viridiana Nava, explicó que el módulo sanitario beneficiará a unas 800 personas que acuden al corredor, principalmente viernes, sábado y domingo. Ocho inodoros, dos mingitorios, seis lavabos, una rampa de acceso, renivelación de andadores para evitar inundaciones y la renovación de 22 luminarias forman parte de esta intervención. Son elementos técnicos, pero detrás de ellos hay una intención clara: facilitar la vida cotidiana de quienes dependen del corredor para trabajar o comercializar.
Andrea Perea Vázquez, secretaria de la Mujer, aportó la mirada más humana del acto al reconocer que el corredor existe gracias a las participantes, a su unión y a su capacidad de sostener un espacio que hoy ya es referente del municipio. Mencionó a Ana Elsa Chávez como figura clave en esa organización, pero extendió el reconocimiento a todas.
El Corredor de las Mujeres ha crecido con una fuerza particular: la de la comunidad que se sabe necesaria. Con la incorporación del módulo sanitario, el espacio reafirma su vocación como punto de encuentro económico y social, pero también como un recordatorio de que el desarrollo comienza por lo esencial. En esta intervención pública, lo funcional se convierte en una forma de reconocimiento. Y lo cotidiano, en un acto de dignidad.

