En Ezequiel Montes, donde la vida escolar ocurre entre patios abiertos, canchas que enfrentan el sol y aulas que resguardan generaciones enteras, la visita del IFEQ no fue solo un recorrido técnico: fue un reconocimiento silencioso al espacio educativo como lugar de comunidad. Durante una gira encabezada por Fernando Orozco Vega, el municipio recibió obras destinadas a renovar techumbres, sanitarios y áreas cívicas; intervenciones que, aun sin discursos rebuscados, revelan la importancia de lo cotidiano: un techo que cobija, un baño limpio, una plaza que vuelve a ser punto de encuentro.
En Loberas, la techumbre recién colocada en la primaria “Emiliano Zapata” impone su presencia sobre la cancha de usos múltiples. Su estructura metálica no sólo promete protección ante el clima; también sugiere nuevas posibilidades. Allí, donde los niños corren, ensayan honores o se refugian del calor, la sombra se convierte en un bien valioso. Orozco Vega recordó que la instrucción del gobernador Mauricio Kuri ha sido llevar infraestructura a cada rincón del estado, y en esa consigna se siente la intención de equilibrar, poco a poco, las condiciones entre comunidades.
A unos metros, en el preescolar “Xicotencatl”, otra techumbre redefine el ritmo del día. Bajo ella se podrán realizar actividades que antes dependían del clima, y su diseño permitirá captar agua de lluvia, una función que vincula el espacio escolar con la necesidad de cuidar los recursos que sostienen la vida diaria.
Más adelante, en la primaria “Melchor Ocampo”, los sanitarios renovados y la restauración de dos aulas dañadas por la caída de un árbol reflejan la fragilidad de las infraestructuras que acompañan la infancia. Los estudiantes, 218 en total, encontrarán al regresar espacios que hablan de cuidado, un detalle que no siempre se reconoce, pero que marca la experiencia educativa tanto como cualquier contenido escolar.
En El Coyote, los nuevos sanitarios de la primaria “Francisco Márquez” cierran la brecha entre necesidad y dignidad. Con una inversión de 900 mil pesos, el plantel recibe instalaciones que fomentan hábitos de higiene, un gesto simple pero determinante para la salud comunitaria.
La última parada, la primaria “Benito Juárez”, muestra una plaza cívica recuperada: concreto que sustituye al terreno irregular, pintura que redefine las líneas de juego y un barandal que delimita y protege. Es un espacio que vuelve a tener propósito, donde la vida escolar se reúne para verse y reconocerse.
Así, entre techos, andadores y muros renovados, la gira del IFEQ deja un rastro de intervenciones que, sin prometer transformaciones grandilocuentes, sostienen la vida diaria de cientos de estudiantes. Obras que no aparecen en titulares espectaculares, pero que construyen —literalmente— el lugar donde las historias de la infancia queretana siguen ocurriendo.


