En distintos rincones del estado, entre talleres pequeños, cocinas adaptadas y mesas de trabajo que han visto madrugadas enteras, más de 200 mujeres recibieron un impulso que, sin hacer ruido, cambia la forma en que se cuenta una historia. La historia de ellas. La historia de quienes, desde la intimidad de sus oficios, sostienen a una familia y también a una parte importante de la vida económica local.
La Secretaría del Trabajo, encabezada por Liliana San Martín Castillo, concluyó su recorrido por los municipios entregando equipamiento de hasta 50 mil pesos a 116 iniciativas. Equipamiento que no solo es una herramienta: es una especie de puente entre lo que ya hacen y lo que pueden llegar a hacer. Entre lo que imaginaban y lo que ahora pueden construir con más certeza.
El programa, explicó la secretaria, nace con una intención que parece sencilla, pero no lo es: llegar a las personas que más necesitan una oportunidad. Mujeres que buscan independencia económica. Personas con discapacidad que han encontrado en el emprendimiento un espacio donde construir sus propias reglas. Detrás de cada entrega, dijo, hay un sueño que se despierta. La frase podría sonar solemne, pero adquiere un peso distinto cuando se observa a alguien encender por primera vez un horno nuevo, acomodar una mesa de carpintería o sostener un equipo de sublimación que antes parecía inalcanzable.
Los giros de estos proyectos conforman una cartografía íntima del trabajo cotidiano: panaderías, reposterías, cocinas caseras, servicios de belleza, carpinterías, floristerías, talleres artesanales. Oficios que se aprenden entre generaciones, que se heredan en gestos, que crecen a la par de las historias de las familias.
A lo largo del recorrido, la Secretaría escuchó, observó, ajustó. No entregó lo mismo a todas; entregó lo que cada proyecto pedía para respirar mejor. Para sostenerse. Para ser un poco más sólido frente al futuro.
Cuando este ciclo de entregas cerró, quedó claro que el programa no busca grandes anuncios, sino transformaciones discretas. Pequeñas certezas. Momentos donde el trabajo de una persona encuentra espacio para crecer. Y en ese crecimiento, también se mueve —con la misma calma y la misma fuerza— la vida de quienes la rodean.


