La claridad que llega en forma de un par de lentes

En la primaria Reforma Agraria, la mañana avanzó con un ritmo distinto. No era un día cualquiera: 121 niñas y niños recibirían algo pequeño, ligero, casi frágil, pero capaz de transformar su manera de mirar el mundo. La entrega de lentes —resultado de una revisión completa a los 514 estudiantes del plantel— se volvió un momento donde la luz adquirió otro significado.

La ceremonia estuvo encabezada por el presidente municipal de Corregidora, Chepe Guerrero, acompañado por la coordinación de la USEBEQ, liderada por Irene Quintanar Mejía. El programa “Ver Bien para Aprender Mejor”, sostenido con inversión municipal y respaldado por la autoridad educativa, tiene un objetivo sencillo y profundo: que la claridad visual se convierta en un puente hacia un mejor aprendizaje.

En su mensaje, Guerrero habló de cuidar los lentes, recordando sus propias experiencias de accidentes cotidianos: balonazos que los mandan al piso, descuidos que los doblan. A través de esa confesión ligera apareció una idea más grande: los lentes no son solo un objeto, sino una herramienta para que cada estudiante pueda aprender sin obstáculos.

Irene Quintanar compartió los resultados del programa a lo largo de 2024. Escuelas atendidas en cinco municipios; más de 6 mil revisiones; más de 3 mil estudiantes que ahora miran distinto. Detrás de cada cifra hay una historia que cambia, un paso adelante, una oportunidad recuperada.

La directora del plantel, Nadia Rodríguez Vásquez, habló del impacto silencioso pero profundo de ver bien. Un niño que distingue el pizarrón deja de adivinar. Una niña que puede leer sin esfuerzo se siente más segura. La claridad, en el aula, se convierte en autoestima, participación y aprendizaje.

Lo particular de esta entrega es que no se limitó a detectar casos aislados: toda la matrícula fue revisada. En ese proceso, la escuela se volvió un espacio donde la inclusión tomó forma concreta, palpable.

Los lentes entregados son pequeños objetos transparentes. Sin embargo, en manos de los estudiantes, funcionan como ventanas nuevas. Ventanas que permiten ver con nitidez lo que antes se disolvía en sombras o líneas borrosas. Y en esa claridad, quizá, comienza una nueva manera de caminar la escuela, y más adelante, la vida.

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