• La Casa de la Mujer reunió a cerca de 30 participantes en una sesión de sonoterapia orientada al bienestar emocional y la relajación.
Hay experiencias que comienzan con algo tan simple como escuchar. No una conversación ni una instrucción, sino una vibración. Un sonido que se expande lentamente por el espacio y transforma, al menos por un momento, la relación con el tiempo cotidiano.
En la Casa de la Mujer, cerca de 30 participantes se reunieron para formar parte de un taller de sonoterapia impartido por Car Herrera de Kuri. La actividad se integró a la programación de cursos orientados al fortalecimiento personal y emocional de las usuarias.
La sonoterapia utiliza sonidos y vibraciones como una herramienta para promover el bienestar físico y mental. A través de esta práctica, se busca favorecer estados de relajación, concentración y equilibrio emocional.
Según explicó Laura Ruiz Revueltas, la actividad complementa otros talleres enfocados en la autoestima, el autoconocimiento y el crecimiento personal, que forman parte de la oferta académica de este espacio.
Durante la sesión, los cuencos tibetanos ocuparon el centro de la experiencia. Sus sonidos sirvieron como vehículo para una dinámica grupal en la que las participantes fueron invitadas a concentrarse en las vibraciones y en las sensaciones que éstas generan.
La actividad se desarrolló en el contexto del cierre del primer periodo académico del año, una etapa que marca la conclusión de diversos procesos formativos para las usuarias.
Al término del taller, varias participantes expresaron su agradecimiento por la experiencia, la cual describieron como un momento de tranquilidad y relajación. Más allá de las palabras, el encuentro dejó una pausa compartida, un espacio para detener el ritmo cotidiano y escuchar algo que con frecuencia pasa desapercibido: el efecto que puede tener el sonido cuando se convierte en herramienta de bienestar.



