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Donde el acuerdo también construye ciudad

– Durante septiembre de 2026, el Sistema Estatal de Justicia Cívica atendió 6 mil 781 faltas administrativas y reforzó mecanismos de mediación y trabajo comunitario para fortalecer la convivencia en distintos puntos del estado.

Hay ciudades que miden su tranquilidad únicamente por la ausencia del delito. Otras intentan encontrarla en un lugar menos evidente: la capacidad de sus habitantes para resolver las diferencias antes de que se conviertan en fracturas permanentes.

En septiembre de 2026, Querétaro volvió a poner esa idea sobre la mesa mediante las acciones del Sistema Estatal de Justicia Cívica, que registró la atención de 6 mil 781 faltas administrativas, un crecimiento de 30.7 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.

Más allá del dato, el modelo dejó ver otra narrativa: 513 sanciones de trabajo comunitario y 91 jornadas desarrolladas en 43 colonias permitieron intervenir 60 espacios públicos, recordando que una plaza recuperada o una banqueta atendida también forman parte del lenguaje con el que una comunidad conversa consigo misma.

En paralelo, la mediación vecinal abrió otro camino. Fueron 194 convenios comunitarios los que buscaron transformar desacuerdos cotidianos —el ruido, una discusión verbal, un acceso obstruido o el uso indebido de un inmueble— en acuerdos construidos mediante el diálogo.

Las faltas más recurrentes siguieron reflejando escenas conocidas: consumo de alcohol o sustancias tóxicas en la vía pública, desobediencia a la autoridad, portación de instrumentos para consumir sustancias prohibidas, intoxicación y posesión de sustancias tóxicas.

Sin embargo, el propósito del modelo parece mirar un horizonte distinto. La justicia cívica plantea que una sanción puede ser también una oportunidad para reconstruir vínculos, asumir responsabilidades compartidas y devolver algo al espacio donde la vida cotidiana transcurre.

Porque las ciudades no solo se sostienen con reglamentos. También lo hacen con conversaciones que logran interrumpir el conflicto, con manos que rehabilitan un parque y con vecinos que descubren que un acuerdo puede convertirse, poco a poco, en una forma de habitar mejor el mismo lugar.