El sonido de la alerta

• El Municipio de Querétaro realizó la evacuación de mil 180 personas durante el Primer Simulacro Nacional 2026.

Hay un instante peculiar cuando suena una alerta sísmica. Por unos segundos, la rutina se interrumpe y la ciudad parece recordar algo esencial: su fragilidad.

En Centro Cívico, ese sonido marcó el inicio del Primer Simulacro Nacional 2026. Oficinas, pasillos y áreas de atención comenzaron a vaciarse mientras trabajadores y ciudadanos seguían las rutas de evacuación establecidas. Afuera, el movimiento tenía algo de coreografía ensayada: pasos rápidos, miradas atentas y brigadistas guiando el flujo de personas hacia los puntos seguros.

Mil 180 personas fueron evacuadas de instalaciones municipales como parte de este ejercicio organizado por el Municipio de Querétaro para fortalecer la cultura de la prevención.

La hipótesis planteada incluía un sismo y un fuego incipiente en la parte posterior del inmueble. Mientras sonaba el sistema de alertamiento, brigadas internas y cuerpos de emergencia activaban protocolos de respuesta.

“Se hizo una evacuación total de mil 180 personas. No se reportaron lesionados y ya se hizo la vuelta a la normalidad”, informó Moisés Aboytes Requena, analista de Emergencias de la Coordinación Municipal de Protección Civil.

El simulacro concluyó con saldo blanco, pero también dejó otra lectura: la del aprendizaje acumulado. Según las autoridades, el tiempo de evacuación se redujo en aproximadamente tres minutos respecto al ejercicio realizado el año anterior. Una diferencia aparentemente pequeña, aunque decisiva en cualquier situación real.

Los simulacros tienen algo paradójico. Simulan el caos precisamente para evitarlo. Ensayan el miedo para domesticarlo un poco. Y aunque muchas veces forman parte de la rutina institucional, terminan recordando que las ciudades también dependen de la capacidad de organizarse cuando todo parece interrumpirse de golpe.

En el ejercicio participaron elementos de Protección Civil, Cruz Roja Mexicana, Bomberos de Querétaro y brigadas municipales, coordinando la evacuación y supervisión de distintos inmuebles públicos.

Después vino el regreso a la normalidad: puertas abiertas otra vez, escritorios ocupados, trámites reanudados. Pero durante algunos minutos, la ciudad practicó algo más profundo que un protocolo: la posibilidad de reaccionar juntos frente a una emergencia.

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