• En Huejutla de Reyes, una delegación queretana compartió artesanía, medicina tradicional, gastronomía, música y danza durante el Festival Nacional de Tlajtoli.
Hay tradiciones que permanecen porque alguien las conserva. Otras permanecen porque alguien las comparte. En Huejutla de Reyes, Hidalgo, ambas cosas ocurrieron durante el Festival Nacional de Tlajtoli, donde Querétaro participó en la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Originarios.
La delegación queretana llegó con sus portadores de tradición. Con ellos viajaron distintas formas de entender y expresar la cultura: la artesanía, la medicina tradicional, la gastronomía, la música y la danza.
También llegó el sonido de un trío huasteco, acompañado de sones en otomí y danza tradicional.
El encuentro llevó por nombre “La Huasteca nos Une: Palabra, Raíz y Memoria”. En esa frase cabían las distintas delegaciones que se encontraron en Huejutla: Hidalgo, Querétaro, Puebla, San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas.
Cada una llegó con sus propios saberes y expresiones, pero el encuentro permitió compartir aquello que, con el paso del tiempo, ha permanecido en las comunidades.
La presencia queretana formó parte de ese intercambio. Los portadores de tradición mostraron manifestaciones culturales que pasan de una generación a otra y que encuentran en espacios como este festival una oportunidad para ser compartidas.
La artesanía habla con las manos. La gastronomía lo hace a través de los sabores. La medicina tradicional guarda conocimientos construidos con el tiempo. La música y la danza encuentran otras maneras de contar aquello que una comunidad recuerda.
En Huejutla, esas expresiones coincidieron durante una jornada dedicada a los pueblos originarios.
No fue sólo un encuentro entre delegaciones. Fue también una reunión de palabras, raíces y memorias, como lo anuncia el nombre del festival. Querétaro llegó con una parte de su propia historia cultural y la puso en diálogo con las de otros estados.
Entre sones en otomí, danza tradicional, artesanías, conocimientos de medicina y gastronomía, la tradición encontró un espacio para viajar.
Y quizá esa sea una de las formas en que permanece: cuando deja por un momento su lugar de origen, encuentra otros oídos y otras miradas, y vuelve después con la memoria de haber sido compartida.


