abril 28, 2026

Bajo tierra y en silencio: la infraestructura que prepara a Corregidora para la lluvia

• En Corregidora, la preparación para la temporada de lluvias ocurre lejos de la vista cotidiana: en cárcamos que hoy son intervenidos para resistir lo que viene.

Las ciudades también se sostienen de lo invisible. Mientras las calles siguen su ritmo habitual, bajo el nivel del suelo hay sistemas que trabajan para evitar que el agua detenga la vida urbana. En Corregidora, esa infraestructura comenzó a recibir una intervención profunda.

El presidente municipal, Chepe Guerrero, encabezó un recorrido de supervisión como parte del Plan de Contingencias “Temporada de Lluvias 2026”, donde se informó una inversión de más de 8.1 millones de pesos destinada al mantenimiento y automatización de cárcamos.

Los trabajos presentan un avance del 90% en la limpieza de los 10 cárcamos municipales. Paralelamente, tres de ellos —ubicados en Los Pájaros, Pueblo Nuevo y Puerta Real II— avanzan hacia un sistema automatizado que busca asegurar su funcionamiento continuo.

La modernización no es menor en su lógica técnica. Incluye la instalación de bombas sumergibles monofásicas, la construcción de muretes, sistemas de control programado y mecanismos de arranque y paro que responden al nivel del agua mediante flotadores. Es decir, decisiones que antes dependían de intervención humana ahora se delegan a sistemas automáticos diseñados para reaccionar en tiempo real.

En su mensaje, el alcalde señaló que no es posible anticipar la intensidad de las lluvias, pero sí preparar al municipio para enfrentarlas. La frase “A Paso Firme” aparece como síntesis de una estrategia que combina limpieza, prevención y modernización.

El recorrido contó con la presencia de funcionarios de distintas áreas municipales, desde seguridad hasta obras públicas y protección civil, en un gesto que refleja la dimensión transversal del tema: el agua no distingue áreas administrativas.

En el fondo, lo que se ajusta no es solo una red hidráulica, sino una forma de anticipar la vulnerabilidad urbana. Porque cuando la lluvia llega, lo que no se ve —pero está funcionando— es lo que determina si la ciudad se detiene o continúa su curso.

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